3 cosas que valoramos en los adultos pero no nos gustan de los niños

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En una persona adulta se valora mucho si se es autónomo, expresivo, que sepa comunicarse, que tenga carácter y sepa tomar decisiones…son cosas que como adultos reconocemos su valía cada vez que alguien demuestra tenerlas pero en cambio en los niños a veces no gusta tanto verlas, porque pueden chocar con las intenciones e intereses de los padres.

Queremos que nuestros hijos sean de una determinada manera de adultos, pero somos los padres los que desde que son pequeños debemos ayudarles a que esos rasgos de la personalidad vayan aflorando.

Autonomía

No queremos tener unos hijos de, imaginémonos, 15 años, que no son capaces de hacerse su cama, de recoger su mochila, o de hacer sus deberes solos. Pero en cambio, a los niños, les hacemos todo eso, casi siempre porque es algo que nos beneficia a los adultos. Lo hacemos rápido, a nuestra manera y no tenemos «que discutir».

Empezamos como ejemplo por la alimentación. Ya sabéis que he hablado muchas veces del BLW  (Babyledweaning lee aquí si aún no sabes que es la alimentación dirigida por los niños), una manera en la que los niños aprenden a comer de todo, a su ritmo, y ellos solos, sin perseguirles con cucharas, triturados ni nada. Si queremos que nuestros hijos coman con uno o dos años «de todo» y «solos» no puede ser que les demos hasta el pan de nuestra mano a su boca durante meses o años. Si quieren algo, ¡que se muevan y lo cojan!. Pero claro, los adultos tendremos que tener paciencia, porque les cuesta aprender, y al principio más que comer será destrozar, luego tirar al suelo, luego refrotárselo por la cara, y sin daros cuenta, tendréis comiendo solos a vuestros hijos, viendo la comida como algo de ellos, y no como una obligación de abrir y cerrar la boca. Es un «trabajo» a largo plazo, y habrá beneficios en la alimentación, y también en las habilidades manuales y de psicomotricidad.

Otro ejemplo podría ser el de vestirse solos. Para que aprendan a vestirse solos, tenemos que darles instrucciones, dejarles solos…y tener tiempo. Un buen momento para ir cogiendo soltura en vestirse y desvestirse es la hora del baño. No hay prisa, no hay que llegar a ningún sitio, y así pueden ir aprendiendo. A nosotros nos pasa que por las mañanas es mejor (para los adultos) vestir a los niños rápidamente que dejarles que lo intenten 5 veces. Pero hay que dejarles probar, porque sino nunca sabrán hacerlo solos. Lo mismo pasa con los zapatos. Las primeras veces ellos no sabrán, no podrán, no se verán capaces, pero los adultos tenemos que ayudarles. Y hay otra manera de ayudarles que no son instrucciones: buscando ropa y calzado de niños, que venga con facilidades de quita y pon; como el velcro, corchetes, gomas… si evitamos cordones, botones, cinturones, tirantes… se les facilita la tarea de ser autónomos.

Y un tercer ejemplo podía ser el orden en casa. Ellos muchas veces no quieren recoger porque es «una orden» pero si les ayudamos, les acompañamos, ven lo bien que queda para sacar nuevos juguetes, libros o lo que sea, cada vez irá saliendo más de ellos.

Respeto

Los niños siempre dicen la verdad, ¿no? Pero muchas veces no la dicen en momentos adecuados, se pasan de hablar… y les pedimos que guarden silencio. A veces hablan sin parar cuando estamos en una conversación con otra persona, no paran de hablar y de interrumpir, de nuevo les pedimos que guarden silencio. Cuando los niños están tristes o felices suelen armar más alboroto, y de nuevo les pedimos que guarden silencio.

¿Qué ocurrirá si aprenden a guardar silencio siempre? Que aprenderán que sus palabras no son importantes, que no hay que decir la verdad, que no es bueno expresar las emociones… Y en un adulto valoramos su confianza al hablar, la sinceridad y una buena gestión emocional.

Para eso hay que enseñarles a medir sus palabras, a hablar sin ofender, a esperar el turno de palabra, a respetar las zonas en las que hay más gente para no molestar… Y todo esto empieza porque seamos los padres quienes midamos nuestras palabras al hablarles, sin ofender, no interrumpirles y dejarles hablar. Haciéndoles sentir que lo suyo también es importante.

Carácter y toma de decisiones

Una de las primeras palabras de los niños es NO. Cuando aprenden a decirla es un poco desesperante porque dicen a todo que no, a la comida, a los juguetes, al carrito, al baño… Y poco a poco bajan su frecuencia de NO. Conforme crecen quieren ser ellos quienes deciden que comer, donde ir, a que jugar y qué ropa ponerse. Muchas veces sus elecciones no son las más saludables o adecuadas, pero tenemos que ir un paso por delante a ellos para que puedan elegir entre cosas adecuadas.

Por ejemplo, un niño quiere merendar, pero solo quiere merendar patatas de bolsa, no quiere plátano, ni yogur,ni nada, solo patatas de bolsa. Y es nuestro deber tener bien alimentado al niño, y con patatas de bolsa es imposible, y se arma una discusión monumental. Cual es la solución: ser previsores y no tener en casa alimentos prohibidos, así cuando quiera ser él o ella quien elija la comida, podrá hacerlo entre alimentos correctos, y seguramente coma más contento lo que elija por haber sido su decisión y verse apoyado por los padres.

Otra situación sería la de la ropa. A eso de los dos años empiezan a demostrar carácter y quieren o no quieren determinadas prendas. Pero ellos no son conscientes de la «norma» social sobre vestimenta o del frío o calor de la calle. Abren el armario y cogen lo que les gusta, una falda, vaqueros y una camiseta de tirantes con una capa de superhéroe y una máscara de ratón. Y quieren salir a la calle así. Sí o sí. Es su decisión y de manera autónoma han elegido la ropa ¿qué hacemos entonces? ¿Les dejamos salir así? Y yo os pregunto…¿por qué no? Primero se puede dialogar con ellos, explicarles, dejarles quizá que elijan solo un complemento para que se vean valorados y escuchados. Pero al día siguiente nos habremos preocupado de que su armario tenga la ropa de la temporada indicada, y los disfraces en el lugar de los disfraces. Así no habrá problemas. También os recomiendo leer este post de Piezecitos donde explican los beneficios de dejarles elegir ropa.

Un adulto que no sabe elegir su ropa, recogerla, elegir una buena alimentación… no es lo que buscamos. Buscamos un adulto seguro de sí mismo y saludable. Pues tenemos que empezar desde casa, desde pequeños, dejándoles su espacio, y dejando a su alcance medios y materiales adecuados para ello. Y muchas veces tendremos que respirar y dejarles hacer cosas aunque se salgan de la norma.

 

Con nuestra experiencia os diré que el tema de la autonomía para comer y vestirse ha sido un trabajo de fondo y ha dado buenos resultados. La mayor hace tiempo que elije su ropa y se viste sola (salvo prendas complicadas), y el pequeño lleva una temporada que solo se viste con lo que el elije, sabe desvestirse y empieza a tener interés por vestirse solo. Pasito a pasito. En cuanto al respeto a veces como madre pierdo los nervios, me puede el cansancio y grito, les hablo como no hablaría a mi pareja o amigos, y eso es algo que no me gusta e intento mejorarlo día a día. Como son los niños es un reflejo de los padres 100%. En cuánto al carácter, tienen claro lo que les gusta y lo que les apetece. Hay días que no quieren salir a pasear, a la piscina, al parque, e intento respetar esa decisión, es por pereza o porque están cansados, pero intento que ellos estén de acuerdo en lo que hacemos. A veces con ir al cole cuesta salir de casa porque les da pereza ir, y ahí sí que tengo que insistir más. Pero con cosas que no son «obligaciones»  o importantes, siempre preguntamos primero si están de acuerdo. El truco suele ser poner tono de voz de euforia para que piensen que el plan es super molón tipo : «Venga chicos que vamos a ir al super» dando palmas y saltitos. 😉

Un comentario en “3 cosas que valoramos en los adultos pero no nos gustan de los niños

  1. ¡Qué razón! Yo me quejo mucho, mucho del carácter de mi bichilla, de sus ideas fijas, de lo poco obediente que es, pero por otra parte ¡claro que me gustaría que siguiera siendo así de mayor! Supongo que cuando son niños este tipo de actitud cuesta mucho de llevar y de comprender.

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